CONFESIONES. Es mi lugar de expresión. Aquí cuento como me siento en mi día a día como madre y mujer. Un punto de encuentro con mis emociones

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CONFESIONES : ¡Desesperada!

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Desesperada. Hay días en los que estoy desesperada. No se si quiero desaparecer yo o que desaparezcan ellos, mis hijos. Normalmente ésta es una sensación que me va invadiendo a lo largo del día y cuando dan las 8 de la tarde se apodera de mi un “yoquesé que queseyo” que me comería a un niño si pudiera. La maternidad, a veces, se me hace cuesta arriba.

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Son días en los que ya me despierto con cansancio acumulado, porque no he llegado a desconectar del anterior. Normalmente los jueves, que son los peores días porque llevo ya el cansancio de toda la semana encima. ¡Aunque los fines de semana que paso sola con mis tres hijos no se quedan atrás!

Suelo hacer planes con ellos cada tarde. Cuando los recojo del colegio tengo prevista una actividad que les guste y casi siempre con alguna amiga que me acompañe, así los niños se divierten y yo tengo vida social adulta: parque, merienda, piscina, cine, Ikea o bolas.  Y si es fin de semana pues excursión, teatro, parque de atracciones o bricolages y tareas domésticas por ejemplo. ¡Les encanta!

Pero, claro, para tener las tardes y los fines de semana libre, tengo que exprimir las mañanas a tope y hacer la comida, la compra, la colada, bancos, recados, plancha y ¡qué os voy a contar!  con mi bebé siempre conmigo. Y ahora además buscar tiempo para escribir mi blog y estudiar oposiciones. ¡Vuelven a faltarme horas! Soy especialista en equilibrios y malabares con tres niños.

En conclusión, que la maternidad es dura, requiere de grandes dosis de paciencia e imaginación, y tiempo. Y la rutina diaria de nuestra sociedad nos lleva a vivir deprisa, acumulamos cansancio y estrés que va mermando en nuestras ganas de ser mamá y así, llegan los jueves y podemos cantar “desesperada” a voz en grito a la hora de la ducha para reírnos un poco de nosotras mismas y conseguir un plus de energía hasta que se acuesten.

 

¡Ánimo mamás!

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La magia de la Navidad

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Para mí, lo más bonito de la navidad es la ilusión de los niños. Esa magia que ven sus ojos gracias a la inocencia. Eso es la magia de la navidad. Solo eso.

Hoy puedo volver a vivir esas emociones gracias a mi maternidad. Ahora yo soy la madre y no la niña inocente, pero hay momentos que se repiten casi igual a como los recuerdo desde el otro lado. El de la niña. Me encanta. Me parece mágico. Y me siento niña otra vez, aunque mucho más consciente del valor que tiene poder sentirse así.

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El ejemplo más claro es la ilusión. Ese nerviosismo lleno de ilusión la noche de Reyes. Recuerdo cuando me acostaba y no era capaz de dormirme porque no sabía controlar todas aquellas emociones que tenía dentro. Creer en la magia es algo importantísimo en la vida de un niño. Los mayores debemos procurar que crean en ella y que alimenten la ilusión lo maximo posible porque luego, en su vida adulta, necesitarán esa mochila llena para afrontar otras cosas.

Vivir la ilusión a través de sus ojos de niños me permite viajar en el tiempo con mis ojos de madre.

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Soy capaz de recordar y revivir el placer que se siente cuando tu mamá te cogía en brazos y te acunaba. Ya cuando era una niña “grande” de 5 o 6 años y algo me preocupaba o tenía un mal día, un abrazo de mamá era capaz de curarlo todo. Mi mamá. No necesitaba nada más. Y ahora con mis hijos puedo volver a vivirlo, desde el otro lado, y sentir esa confianza ciega que tienen en que yo puedo arreglar todos los males del universo. Es un superpoder que ellos nos otorgan y solo su amor alimenta.

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Puedo recordar  el miedo terrible que me producía la oscuridad, vértigo. Terror. Y como mi mamá me enseñó a convivir con el miedo y a plantarle cara. A normalizar aquella sensacion desagradable que también forma parte de nuestra vida. Miedo a la muerte, al dolor, a lo desconocido. Fue una etapa dura, y mamá estaba ahí para ayudarme. Como siempre. Siempre está, aunque tenga mas de 30 años y ya no quepa en su cama. Fui una fortunada, lo soy.

La culpa, los remordimientos, el amor, el desamor, la impaciencia, los celos, la envidia, el odio, el desconsuelo, la euforia, la decepción. Emociones que recuerdo, que aprendí a conocer y a ubicar de niña y que ahora veo en mis hijos y reconozco en mí como si fueran mías. Maravilloso. Mágico.

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El trabajo emocional está muy olvidado en los colegios y en la rutina diaria en general. Yo tengo la suerte de haber trabajado mucho la inteligencia emocional en mi carrera como actriz. Y ahora que estoy centrada en mi papel de mamá, pongo en práctica lo aprendido y trabajo con mis hijos para que sean capaces de reconocer y vivir intensamente sus emociones. En mi opinión y experiencia es básico para que se conviertan en personas adultas sanas y felices.

Saber gestionar nuestro mundo interior y a la vez saber estar en contacto con el mundo exterior.

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Os recomiendo varios libros a traves de los cuales podemos trabajar nuestro mundo emocional y el de nuestros hijos: El monstruo de colores, El pequeño libro de mindfulness, El monstruo de la ira, Emocionario, Te quiero casi siempre o A qué saben los besos.

Os invito a trabajar con ellos y vuestros hijos y a contarme vuestras experiencias.

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CONFESIONES: De niño y de niña

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Tengo una necesidad vital de escribir este post. A modo de grito, de desahogo, de revolución. ¡Por favor, démonos cuenta!

La semana pasada fui a comer a una hamburguesería con mis hijos y pedí dos menús infantiles de esos que traen juguete. Me dieron un juguete de “niña” para Carmen y otro de “niño” para Manuel, sin preguntar. El chico dió por hecho que sólo por ser un niño y una niña iban a querer esos juguetes. No les preguntó qué os gusta o cuál queréis. Les dije: hay una tortuga y una diadema, elegid. Los dos querían tortuga. El muchacho me vió  la cara de “esta madre va a darme la charla” y me cambió los juguetes por dos tortugas. No pasó nada más.

Ha sido una anécdota, sin más trascendencia. Pero me ha hecho ver que ésto es algo que ocurre frecuentemente y a menudo no nos damos cuenta. Me ha hecho pensar y recapitular.

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Por ejemplo, a mis hijas les he hecho agujeros en las orejas para ponerles pendientes cuando han nacido. Y pensándolo desde esta perspectiva creo que no debería haberlo hecho. Es cultural, sí. Pero es una marca para toda la vida. Que seguro que les gusta de mayor. Muy posiblemente. Y a mí me encanta que los lleven, sí.  Pero cuando Manuel me pregunta por qué a él no le pongo pendientes, ¿qué le digo sin caer en una explicación machista?

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Me preocupo y ocupo de no ejercer influencia sobre mis hijos en ésto. A Manuel le encanta cocinar, ayudarme con las labores del hogar y jugar con las muñecas, por ejemplo. El hecho de que lo veamos como algo especial ya implica un posicionamiento respecto a ello. Y es cierto, yo trabajo por no caer ahí porque es algo que ocurre aunque no me guste. El simple hecho de estar a favor o en contra, ya supone reconocer que el debate existe.

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Yo misma prefiero hacer cosas de “hombres”. En mi casa las herramientas son mías y soy yo quien arregla las cosas y hace los taladros en la pared. No me gusta nada coser ni cocinar. Suerte que mi madre nunca le dio más importancia y siempre nos enseñó a ver las tareas y juegos como algo genérico, y no destinado a ningún género. A mi padre le costó más trabajo, soy consciente de que he sufrido algún episodio machista en mi vida. Aún nos queda un largo camino por delante.

Este año, que ya Manuel tiene tres años y puede ir a actividades extraescolares, les he dado a elegir una actividad a los dos con una sola condición: ambos han de elegir la misma porque yo no puedo estar llevando y trayendo niños de un sitio a otro toda la tadre. El año pasado Carmen eligió Padel. Este año ella y Manuel han elegido ballet. Sí. Los dos. Y a mí me parece una actividad perfecta. Muy completa y enriquecedora. Me encanta que hayan elegido ballet. Y si el año que vienen eligen fútbol pues me gustará igual.

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Creo que deberíamos dar un paso más y  eliminar los prejuicios. Si queremos un mundo más justo y respetuoso tenemos que empezar por educar a nuestros hijos en la igualdad y el respeto. Os enlazo un artículo muy interesante sobre cómo educar en este sentido. 


Porque no hay actividades de niño y actividades de niña, ni juguetes de niño y de niña. Hay juguetes, actividades, niños y niñas. Y cada cual que elija lo que más le guste. Nada tiene que ver con la orientación sexual de cada uno. Y en el caso de que lo tuviera, tampoco debería ser importante ni determinante. De igual manera, no tendríamos que discriminar ni señalar a nadie por el color de su piel, su religión, las fronteras o los ideales. Y menos aún tratándose de niños. Ni entre ellos ni desde los adultos hacia ellos, por supuesto.  

Soy consciente de que es un debate largo. Os animo a opinar y a contarme vuestras anécdotas para enriquecer mi visión. Gracias

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CONFESIONES: La teta contorsionista

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Alrededor de los diez meses, tu bebé lactante desarrolla unas habilidades gimnásticas innatas que nunca antes habías conocido. El momento de darle el pecho a tu bebé da un giro inesperado y pasa de ser vuestro ratito de descanso, paz, sosiego y apego a ser un auténtico número contorsionista digno del mejor circo. Te sorprenderás de la elasticidad infinita que tiene tu teta y de la gran variedad de formas y posturas que existen para poder amamantar y mamar.

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Mi bebé en concreto, está completamente convencida de que puede mamar del revés, mirando hacia fuera y no hacia mi, para así poder alimentarse sin perderse nada de lo que ocurre en el mundo. Y para conseguir su propósito adopta las más inauditas posturas. Sobre todo por las noches, cuando mama tumbada. Bueno no. Mamaba tumbada. Ahora yo sigo tumbada pero ella igual hace el pino que se da la vuelta o pone su culo en mi cara, se atraviesa sobre mi, se pone boca arriba y tuerce el cuello como un pollito creando toda una danza de superación para acabar cayendo rendida y resignada a mamar quieta y dormirse acurrucada a mamá.

 

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Para mí, la lactancia materna es tan sacrificada como gratificante. Al principio es muy dura y agotadora hasta que consigues instaurarla bien. Entonces es una gozada ademas de cómodo, rápido y barato. No te tienes que preocupar de tomas, de llevar leche y agua, de lavar biberones ni de nada.

Además favorece claramente el apego. Demasiado a veces, porque como la mamá es la fuente de alimentación del bebé, ambos deben estar siempre juntos. Tardas más tiempo en recuperar tu independencia pero menos en recuperar tu figura. Claramente ésta es otra gran ventaja. Dar el pecho ayuda a perder el peso y el volumen tras el parto mucho más rápido que si no lo das.

A mí me compensa de cualquier manera. Esta situación de dependencia se prolonga como mucho un año, aunque lo normal son seis meses,  porque a partir de ahí, aunque sigas con lactancia materna, el bebé empezará con alimentación complementaria y ya podrás ir despegándote un poco de él.



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Además, alrededor del año, como ya os he contados, los bebés están más preocupados de conocer y descubrir el mundo que les rodea que de comer. Hay muchos que empiezan a comer peor y dejan de ganar tanto peso. Esto es normal, comen menos y se mueven más. Están creciendo y ahora toca moverse y descubrir. Ya no necesitan estar pegados a mama 24 horas al día.

¡Acompañemosle también en esta etapa tan emocionante y mucho más divertida! Crezcamos con ellos y permitámosle crecer aunque sintamos nostalgia de bebé y veamos cómo se van convirtiendo en personitas. ¡Es parte de nuestra labor como mamás!

¿Quieres compartir conmigo tu experiencia con la lactancia? ¡Puedes dejar un comentario aquí abajo!

Vuelta al cole

CONFESIONES: La vuelta al cole

¡Llegó el día, por fin! ¡Bendito colegio! ¡Qué contenta estoy!

¡Ay mi niño, que es muy chico! Pobrecito, qué madrugón. Tantas horas allí solito, sin su mamá. ¡Ya tendrá tiempo de aprender! Si es aun mi bebé.

¡Qué ganas tenía de tener tiempo para mi! Si donde mejor están es en su cole, con sus amigos. Qué bien se lo pasan.

Bien podría parecer una conversación entre dos mamás con puntos de vistas muy distintos en referencia a la vuelta al cole. Pero no. Son todas las cosas que se me han pasado a mí por mi cabeza esta semana previa al esperado momento.

Y es que este verano ha sido muy largo. Casi muero en el intento. Sin vacaciones en la playa ni en ningún lado. En casa. Sola con mis tres niños casi todo el tiempo y con el propósito de lanzar este blog.

Fiel a mi espíritu y a mis ideas, he intentado ser una mamá optimista, organizada, precavida e ingeniosa. Disfrutar del tiempo y aprovecharlo al máximo. Tareas, trabajo, juego, piscina, planes, descanso. Todo tiene su momento. Pero el calor de Sevilla no ayuda y tres meses sin cole es mucho tiempo. Y ha llegado un momento en el que las fuerzas han empezado a flaquear, la inspiración se me ha secado y ya no sabía que hacer con mis niños.

El espejismo del colegio se dibujaba de lo más atractivo. Las dos últimas semanas de agosto han sido de pura supervivencia. Malamadre total. He sacado el armamento tecnológico y quitado las restricciones. Hemos abusado de comida PRE-cocinada y por encargo. Roto los horarios, las rutinas y el orden. Desastre total. O vacaciones a la desesperada. Llamémoslo como queramos. Sobrevivir hasta que empiece el cole y todo vuelva a su lugar es un buen resumen de mi final de verano.

Recuerdo que cuando era mamá primeriza y solo tenía una niña, no entendía porque las otras mamás estaban deseando que empezase el cole. ¡Ilusa de mí! Todo te cae encima. Ahora las entiendo. ¡Y tanto! ¡Bendito colegio!

Cierto es que cuando este acabando el curso me veré igual de desesperada pero en el otro lado de este discurso, deseando que empiecen las vacaciones para poder descansar. ¡Pero, si en vacaciones tampoco descanso!

Llego pues, a la conclusión habitual en todos mis debates sobre maternidad: Ser mamá es el trabajo más duro y mas apasionante que hay.  No descansaremos nunca así que disfrutemos mientras dure y sintámonos afortunadas por ello.

Podéis dejarme un comentario contandome qué tal vuestro verano y vuestra vuelta al cole! Gracias!

Ana cuesta y sus hijos

CONFESIONES: Ser madre te cambia la vida

Ana cuesta y sus hijos

Ana cuesta y sus hijos.

Ser madre te cambia la vida… Aprovecha ahora que luego ya no podrás… Disfruta tú que puedes… Cuando tengas hijos no tendrás tiempo de nada… Qué mamá no ha escuchado éstas y otras tantas afirmaciones por el estilo. Desde luego pareciera que ser mamá es una condena. Que cuando nazca tu hijo te convertirás en esclava. Que no podrás salir, no irás más a la peluquería, ni de copas, ni al cine, ni de viaje. Nada.

Un poco es así… jijijiji… sobre todo al principio, en el post parto. Pero no para siempre, ¡que no cunda el pánico! Hay vida más allá de la cuarentena y por supuesto hay vida más allá de la maternidad. Es una etapa preciosa y finita que no volverá más. Disfrútala. El resto del mundo y de planes seguirán estando ahí cuando tu hijo crezca. Todo eso que hacías y que ahora ves imposible lo vas a volver a hacer y además otras muchas cosas nuevas que descubrirás gracias a tu maternidad. Date tiempo.

Es cierto que ser madre te cambia la vida. Mucho. Muchísimo, te la pone del revés. Es una sacudida brutal. Ya no volverás a dormir del tirón en varios meses o años, olvídate de ir sola al baño, de quedarte remoloneando en la cama un domingo, de tener tiempo libre o aburrirte, de poder acostarte con tu pareja cuando te apetezca (os enlazo un post muy divertido sobre sexo después de la maternidad), o de ir al teatro en un tiempo por ejemplo. 

Todo cambia. Tu cuerpo cambia, tu rutina cambia, tus prioridades cambian. Eso sí que cambia. Tu casa cambia. ¡Hasta el papel higiénico cambia! Cuando tu bebé descubra que puede tirar y tirar de él y que no se acaba, tendrás caminos de papel por toda la casa. Vas a tener las paredes pintadas con colores de cera a rayones con forma de árbol o caracol, tu despacho poco a poco será un cuarto de juegos hasta que ya no haya despacho , solo cuarto de juegos. Tu cama parecerá el camarote de los hermanos Marx. Y eso es solo el principio.

 

Todo cambia. Pero tu vida no desaparece. Antes de que te des cuenta volverás a ser la que eras en una versión mejorada 2.0. Encontrarás la libertad en otras cosas, sentirás que el amor no tiene límites, disfrutarás de un beso como nunca antes, vivirás la ilusión con otros ojos, conocerás lo que es estar agotado hasta decir basta y que aún así no dices basta.

Tómate con calma el post parto y los primeros meses. No tengas prisa por nada. Confía en que todo va a volver a su sitio. El puzzle ahora tiene una pieza más y hay que aprender a encajarla. Pero cuando lo hagas verás que es mucho más bonito. Las cosas pueden cambiar en un segundo. Disfruta de lo realmente importante.

Tu bebé. Tu hijo.

 

Mis noches de bocadillo de mortadela

Confesiones: Me siento mortadela

Mis noches de bocadillo de mortadela

Mis noches de bocadillo de mortadela.

 

¿Dónde esta el emoticono de sentirse como una loncha de mortadela? Seguro que no soy la única mamá que cada noche se siente mortadela en un bocadillo. Loncha estratégica en un sandwich, entre pan y pan. Sin ella no sería un sandwich, pero a ojo solo vemos el pan.

Pues yo cada noche me convierto en mortadela metida entre mis panecillos. De un lado una bebé enganchada en la teta y del otro un niño abrazado a mi espalda. Ocupando solo media cama porque en la otra media está papá y toda la orquesta sinfónica versionando a trompeta una melodía celestial.

He de confesar que me encanta. Mi plan de sandwich y música celestial es uno de mis favoritos los viernes después de una semana frenética. Yo disfruto de mi cama llena de amores. Me gusta el colecho en todo su esplendor.

Y es que aquí, en mi más íntima faceta de mortadela me siento mía y de ellos al mismo tiempo. ¡Y a mí me gusta! Duermo como una bendita y ellos también. Mamá y niños contentos.

El colecho es un tema muy controvertido. Tiene tantos defensores como detractores. Todo el mundo se cree con derecho a opinar. Y no. Es una elección de la mamá, de la pareja, de la familia y de nadie más.

Con Carmen, no coleché, no di el pecho, no portee. Muchos “no” por oír consejos y opiniones. No seguí mis instintos, no confié en mí y como ya os conté, sufrí una depresión postparto grande (os lo enlazo). Aprendí entonces a oírme a mí solamente, a la mamá que soy y que quiero ser.

Y cada día que me acuesto y me siento mortadela me regocijo en el placer que me supone dormir apretada entre mis amores. ¡Qué sabe nadie!

 

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COLECHO ENTRE HERMANOS

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Voy a empezar este post por la definición de “colecho”. He de reconocer mi asombro cuando busqué en el diccionario de la Real Academia Española y no encontré el término. Con lo habitual y antiguo que resulta su uso entre las familias con bebés, ¿cómo puede ser que no exista oficialmente? De cualquier manera, aunque el término no esté reconocido, la práctica si que lo está y no exenta de controversias. En mis ocho años de mamá he escuchado tantas opiniones enfrentradas al respecto que me moría por escribir un post sobre el tema.

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Ya sabeis que mi posición como mamá es que cada uno en su casa haga las cosas como mejor le parezcan y que cada madre sabe mejor que nadie lo que necesitan sus hijos. Amor y respeto por encima de todo. Lo demás son detalles. En nuestro caso el cohecho es una práctica habitual y que considero muy positiva, sobre todo para mí y en el primer año de vida del bebé.

Aunque no haya encontrado la palabra en la RAE, sí que he encontrado muchísimos estudios científicos sobre los beneficios e inconvenientes del “colecho”. En todos ellos se ciñen a estudiar el colecho  entre los padres y el bebé. Pero no he encontrado ninguno que hable del colecho entre hermanos. Y es que a partir del año, cuando nuestro bebé ya es mas autónomo, a mí me parece que es una posibilidad que puede ser de lo mas oportuna. ¡Aunque ya sabéis que yo soy una mamá-mortadela!

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Ya sea para defender el colecho o para criticarlo, todo el mundo opina. Cada vez que me dicen algo al respecto se me pasa la misma idea por la cabeza: Este es un tema muy íntimo, no hay lugar a opiniones. Además, la mayoría de la gente que opina en contra nunca ha colechado. Yo pienso que si el cohecho no se alarga excesivamente no tiene porqué afectar a la intimidad ni a la sexualidad de la pareja. Ya sea colechando o no la pareja esta criando. No solo cría la madre. Deberían los dos estar igual de involucrados en la crianza y cuando se acaba de tener un bebé, duermas donde duermas dormirás poco y mal.

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Y con respecto a la vida sexual de la pareja, no creo  que sea el colecho lo que se interpone entre ambos, sino la maternidad y la paternidad en sí. Ambos padres están en otra cosa. Es así naturalmente. Es así en los animales. Un bebé humano es bebé dos años. No digo que vayamos a estar dos años sin tener sexo, pero si que éste se ve eclipsado por el niño, coleche o no. Os enlazo un post genial de una amiga sobre sexo después de la maternidad.

Entre las ventajas mas conocidas del colecho están: que favorece la lactancia materna, que mejora la adaptación del bebe al sueño nocturno, que hace que se reduzcan los despertares y los llantos, que mantiene al bebe calentito y seguro y que favorece el apego. Y para paliar el posible inconveniente de la intimidad cuando la vida de pareja ya empieza a volver a su ser en mi casa hemos dado con la solución perfecta. Hemos descubierto el COLECHO ENTRE HERMANOS.

 

Gloria y Manuel duermen juntos casi todas las noches, de forma natural, por ellos mismos. Disfrutando así de las ventajas del colecho y dejando a sus papis un espacio de intimidad si quieren tenerla y no llegan exhaustos a la cama.

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