Ana Cuesta con su hija Carmen de bebé

Mamá, actriz, estudiante y ama de casa con 26

Ana Cuesta con su hija Carmen de bebé

Ana Cuesta con su hija Carmen de bebé

 

Pues así, recién cumplidos los 26 y sin pensarlo ni planearlo, me vi de un año para otro sumergida en una vorágine de actividades absolutamente desbordantes. Quería acabar mis estudios, tenía que atender mi casa, no pensaba renunciar a mi carrera como actriz y por supuesto tenía y quería criar a mi hija Carmen. Había que hacerlo todo y bien y el día no tenía más horas por más que yo lo desease.

Como podéis ver no morí en el intento, aunque me costó mas de una amistad y media melena… ¡como poco!

Desde luego que no soy la primera mamá que trabaja y cría a un bebé, admiro a cada mamá que cada día da lo mejor de ella misma en su casa y fuera de ella.

El día que decidí irme a México, supuso un claro punto de inflexión en mi camino del que hablaré detenidamente en el próximo post. Pasé de vivir en casa de mis padres sin tener más ocupación ni preocupación que sacar adelante mis estudios a ser yo la madre y tener todas las ocupaciones y preocupaciones sobre mi espalda. Un cambio demasiado brusco. Mucho en muy poco tiempo. Hoy veo con claridad que las razones por las que la lactancia no funcionó en mi primer embarazo. Entiendo que sufriera depresión postparto y que mi matrimonio pasara por su primera y peor crisis.

Si pudiera volver atrás seguramente pensaría algunas cosas dos veces y planificaría con más cabeza y menos corazón. O no, seguramente, volvería a hacerlo igual. Me movía la pasión por mi profesión, el amor romántico, las ansias de conocer el mundo. Definitivamente me gusta tirarme a la piscina sin pensarlo mucho.

Siempre he sido buena estudiante, metódica, muy autoexigente y excesivamente organizada. Precisamente, estas cualidades fueron las que me salvaron en mi recién estrenada maternidad.  Confeccioné un horario en el que cuadraba todas mis tareas y del que no podía salirme. En función del horario de la Escuela de Arte Dramático  y de la Guardería en la que matriculé a Carmen, fui rellenando los días con tiempo de ensayos, de estudio, de ir a la compra, de lavar la ropa, de estudiar textos, de llevar a Carmen al parque y demás actividades que llenaban mis semanas sin espacios en blanco.

¡Un panal elaborado y complejo donde todo cupo, hasta dormir de vez en cuando!

Lo que recuerdo más doloroso de aquella etapa es la soledad. Lo he entendido con el tiempo, pero entonces no sabía porqué amigos de toda la vida iban desapareciendo de mi lado. Me dejaban sola. Tampoco me sentí apoyada por mi marido. Él tardó más tiempo en hacerse cargo de aquellos cambios y en asumir la nueva etapa. Por suerte aparecieron nuevas amigas, mamás todas como yo, con las que compartir tardes de parque y charla y echarnos una mano.

Aconsejo a todas las mamás que siempre que puedan lleven a sus bebés al parque. Es una actividad de lo más completa, para los niños es genial porque aprenden a socializar, a compartir, practican la motricidad, el lenguaje, les da el sol y el aire… Y para las mamá es la mejor terapia. Ponemos en común nuestras dudas, criticamos a las suegras, nos reímos juntas y sosegamos nuestro estrés. Media hora de parque al día con tu bebé es la mejor terapia postparto al alcance de todos. Yo tengo grandes amistades forjadas en el parque que hoy en día son una parte insustituible de mi vida.

Fueron dos años en los que no me daba tiempo a pensar mas allá, solo a sobrevivir a cada día. Pero pasó, todo pasa. Aprobé mis estudios con nota, rodé varias películas y series, aprendí a llevar una casa economizando el tiempo al máximo y me convertí en la mejor madre que supe ser para Carmen.

 

10 comentarios
  1. Celia
    Celia says:

    Admirada quedo…tienes unas capacidades dificiles de igualar…las que somos menos metodicas, no nos da tiempo a nada…proximo post:como llevar una casa con niños en el menor tiempo posible! Peticion hecha! Por favooooor!!!

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario