Marruecos con niños

Viajar a Marruecos es como viajar en el tiempo. Sales de tu casa hoy y aterrizas allí 100 años antes. Aunque esta sensación depende, en gran parte, del destino que elijas dentro del país, si te pierdes en una de sus medinas siempre podrás sentirla.

Nuestro ultimo viaje con niños y bebé fue a pasar el fin de año a Fez y al desierto del Sahara.

La primera vez que fui, hace ya casi 30 años, era yo la niña y me enamoré de sus olores, sus sabores, sus colores, su vida, y después de haber viajado muchas veces más y conocer casi todo el país, vuelvo ahora con mis hijos.

Empezaré diciendo que es un destino muy seguro, que no hay que tener miedo, solo algunas precauciones que ahora os contaré.

Si vas a una ciudad grande, como Fez, Marrakesh, Casablanca o Tánger, puedes encontrar lo mismo que en Europa en cuanto a sanidad, comercio o restauración en la parte nueva de las ciudades. Aunque lo bonito es alojarse y visitar la parte antigua, los zocos y las medianas pero con la tranquilidad de que tienes servicios cerca. Quizás lo más complicado sea irse a zonas menos turísticas y más alejadas de los núcleos urbanos, como ocurre con el desierto o con pueblos de la costa atlántica a cómo Mulay Busselaham, que son auténticas maravillas sólo aptas para familias aventureras.

Un término intermedio puede ser Asilah, o Chaouen, ambos pueblos preciosos, tranquilos y relativamente cerca de núcleos urbanos grandes.

Hay dos formas de llegar a Marruecos desde España, en avión o en ferry cruzando el estrecho. Desde Andalucía es muy sencillo ir en barco a a Tánger o Ceuta y desde ahí viajar en coche, ya sea el tuyo que hayas llevado contigo o alquilando uno allí . En los últimos años Ryanair ha creado rutas directas desde muchas ciudades españolas a las principales capitales marroquíes , y en determinadas épocas puedes encontrar una ida y vuelta por 20€. Febrero. Marzo son buenos meses por precio y clima.

Os pueden ser de ayuda mis post de viajar con niños en avión low cost y botiquín para viajar con niños. Os dejo enlaces.

En Marruecos hay que tener cuidado con el agua del grifo. No se debe beber porque corremos el riesgo de pillar unas diarreas . Es muy importante pedir siempre agua embotellada en plástico, y que seamos nosotros los que la abramos para asegurarnos de que viene precintada. Tanto el agua como las bebidas que están embotelladas en cristal cerradas con chapa no son aconsejables porque pueden haber sido manipuladas o rellenadas y cerradas después y es difícil darse cuenta. Igualmente, hay que tener cuidado con las ensaladas por ejemplo, ya que la verdura se habrá lavado con agua corriente. No es alarmante pero es importante ser precavido, sobre todo si viajamos con niños y en este caso llevar algún medicamento para cortar las diarreas si fuera necesario.

Teniendo estas precauciones presentes, ya podemos sumergirnos en otro mundo y disfrutar de todo lo que nos ofrece.

Nosotros, en esta ocasión, viajamos a Fez en avión desde Sevilla. Pasamos varios días alojados en un Riad en la medina y luego alquilamos un mini bus para llegar a Merzouga, donde estaba nuestro hotel, Dar el Janoub, en el mismo desierto.

El viaje en minibús se hizo largo, pese a ser muy bonito ya que atravesar el Atlas nevado e ir viendo cómo cambia el paisaje a desértico, cómo los pueblos dejan de ser blancos y las casas se camuflan con las montañas construidas en adobe, vimos rebaños, mercaderes viajando en burros, muchos puestos de artesanía… pero aún así, son 9 horas desde Fez y se hace largo. En la próxima ocasión, haremos en avión hasta Err-Rachidia y luego un par de horas de coche hasta el desierto.

Os cuento primero sobre Fez. La ciudad se divide en dos partes, la nueva y la antigua. Nosotros fuimos directamente a la antigua. Lo más bonito e interesante es perderte en su medina y dejarte llevar. A mí me gusta mucho informarme antes de viajar, por internet leyendo blogs y comprándome las guías visuales del Pais Aguilar para que una vez que llego al destino olvidarme de todo y tratar de parecer lo menos turista posible. Hay destinos donde esto es muy difícil, pero siempre intento huir de visitas guiadas, excursiones, reclamos para grupos turísticos y demás opciones que te impiden mezclarte con los habitantes del lugar y aprender de ellos.

Hay que saber que van a intentar venderte uno de cada, es su forma de vida. Que siempre te van a pedir el doble de lo que pretenden ganar y que esperan que les regatees, que es parte del juego y es divertido entrar en él. Os aconsejo dedicar el primer día a mirar y preguntar y el segundo a comprar sabiendo exactamente qué quieres y cuánto estás dispuesto a pagar. En Fez hay muchísima artesanía local realmente buena, desde alfombras, hasta foulares de seda, bolsos y chaquetas de piel, bisutería y productos de belleza e higiene por ejemplo. Una de las visitas obligadas son las curtidurías, donde preparan y tiñen las pieles y luego hacen con ellas productos que puedes compara allí mismo. Prepárate para oler la peste más grande hayas olido en tu vida. Aún así, merece la pena.

También es muy interesante subir a alguna terraza con vistas dentro de la medina . Es un lujo poder ver desde arriba ese entresijo de calles y salir por un rato del bullicio a tomarte un té de menta y unos dulces típicos. ¡Que rico!

A la hora de almorzar, mi consejo es que busquéis un sitio de comida marroquí, lo más auténtico posible y os dejéis aconsejar. En Fez es fácil entenderse entre español, inglés y francés y un poco de lenguaje de gestos. Si eliges bien el sitio, es fácil comer como un rey por unos 5 o 6 euros por cabeza. Los tagines de carne, el couscous de verdura, la pastela, la sopa de verduras, todo esta bueno. Es difícil encontrar pescado en el interior. En la costa sin embargo hay pescado a la plancha espectacular en cualquier restaurante.

Y así discurrió nuestra estancia en Fez, entre comilonas y tiendas de artesanía en la medina y paseos largos. Como podéis ver en las fotos, no merece la pena llevar carro de bebés, mucho más practico portear con mochila ergonómica para que no nos duela la espalda.

El desierto es otro mundo. Allí casi no hay turistas, los hoteles son pequeños y la arena es el mayor atractivo.

Como íbamos con niños, contratamos una excursión en camello para adentrarnos en el desierto y echar la tarde jugando en las dunas. Hay incluso opción de dormir en una jaima , pero yo preferí la comodidad de un hotel. El nuestro se llamaba Dar el Janoub y me pareció maravilloso. Nos sentimos como en nuestra casa. Limpio, con unas vistas increíbles y un trato inmejorable. La comida buenísima, un día incluso nos hicieron huevos fritos con patatas, que comimos allí en primera línea de dunas al sol en pleno diciembre, mientras los niños corrían por la arena. ¡Qué placer!

En verano hace muchísima calor, es mucho mejor viajar en invierno. Durante el día hace unos 20 grados, aunque de noche bajan muchísimo las temperaturas y necesitas un buen chaquetón para salir.

Además de la excursión en camello fuimos a conocer el oasis, desde el hotel nos lo facilitaron todo y nos explicaron cómo consiguen el agua de las dunas, muy interesante. Fuimos al mercado de Rissani, el pueblo más impresionante de la zona, y a comer pizza berber. Estuvimos jugando con los niños de allí una mañana que no había colegio. Nuestros hijos disfrutaron muchísimo de todo y ahora valoran mucho más todas las facilidades y comodidades que tienen aquí en España. Aunque son conscientes de que nada de eso los hace mejores ni más felices.

Y aunque hay más excursiones posibles, como la de los 4×4 por las dunas, nosotros preferimos hacer menos pero más tranquilos y dejar también tiempo para que los niños pudieran jugar a su aire.

Aprendimos a ponernos el pañuelo como los nómadas, a contar en marroquí, los nombres de muchos platos típicos, hicimos amigos y sobre todo desconectamos del mundo informatizado y globalizado ya que allí no teníamos televisor, ni conexión wifi ni cobertura ni nada que nos alejara de la tierra y lo realmente necesario.

Una experiencia repetible, seguro!

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