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Portugal, sierra de Sintra con niños.

La sierra de Sintra es un destino ideal para niños y mayores, en general, para toda la familia. Portugal es un destino genial para viajar con niños, es un país donde se cuida mucho el turismo familiar. En cualquier restaurante tienen tronas y cambiadores, menús para niños o habitaciones familiares en los hoteles.

Nosotros hemos conocido Sintra en verano, y nos ha encantado. El clima maravilloso, fresquito y soleado, la comida espectacular, el paisaje verde y frondoso, la cercanía a la playa y los muchos castillos y palacios que se visitan lo hacen un destino muy completo.

Para ir con niños os recomiendo alojaros en el hotel Vila Galé Sintra. Fantástico. Un hotel nuevo, con spa y servicio de animación incluido en el precio. Habitaciones familiares con dos estancias y dos baños y  opción de media pensión para no tener preocuparte de nada. Los niños estaban entusiasmados con la cantidad de actividades y juegos que tenían. ¡Había camas elástica, piscina con toboganes, sala de juegos y cine e incluso un tiovivo!

¡Y mientras ellos disfrutaban de sus vacaciones, los papis descansábamos felices en las piscinas con vistas a la sierra y a sus palacios!

Hicimos varias excursiones para visitar palacios, os enlazo todos los que se visitan y sus precios y horarios. Nosotros vimos solo algunos de ellos porque fuimos 5 días y no quisimos hacer excursiones muy largas y que los niños se cansaran. Los que estaban mejor preparados para ir con niños según nos aconsejaron en la oficina de información y turismo. Os cuento algunos trucos interesantes si viajáis con niños pequeños.

El palacio más famoso de todos es el Palacio da Pena. Está dentro de un parque, un bosque-jardín, id es una auténtica maravilla. Con la misma entrada puedes ver el palacio, los jardines y el chalet de la Condesa de Elda.

El tráfico para subir hasta la entrada principal del Palacio da Pena es imposible, ya que se juntan en un solo carril: autobuses turísticos que vienen desde Lisboa, autobuses con tours que salen desde Sintra, Tuk-Tuk privados que también puedes alquilar en Sintra, taxis y los coches particulares como nosotros. Decidimos entrar por la entrada de detrás, la que da al chalet y no al palacio. Y fue todo un acierto. Lo mejor, aún así, es ir muy temprano para no pillar tanta bulla. Pero nosotros fuimos a media mañana y pudimos aparcar sin problemas por la puerta de la entrada del chalet. No os recomiendo llevar carrito a esta visita, mucho mejor portear.

Vimos el chalet, que nos pareció magnífico, era como la casita de la bruja del cuento de Hanzel y Gretel.  Los niños estaban convencidos de que era una casa de cuento. Y tiene una zona de rocas y grutas al lado donde pasamos un buen rato buscando gnomos y elfos. Desde allí hay un Hop on hop off gratuito que cada media hora sale hacia el Palacio da Pena dando una paseo por todos los jardines, donde vimos lagos, cabras, y unos árboles tan altos como edificios. Ir andando con niños se hace largo y pesado, es un camino de una hora aproximadamente, mientras que en el autobús tardamos 10 minutos y fuimos muy cómodos.

El palacio tenía una cola de al menos dos horas para poder entrar. Había muchísima gente. Pero al ir con dos niños y un bebé, tuvimos paso preferente, así que entramos directamente. Esto es muy común en todas las actividades y atracciones de Portugal en general, las familias con niños tienen preferencia, ¡solicítala!

El palacio es espectacular, está perfectamente conservado, amueblado hasta el más mínimo detalle y tiene unas vistas infinitas.

No se puede comer dentro ni llevar carrito, por eso es mejor portear y comer antes o después. Hay un restaurante, pero tantísima gente que fue imposible pedir. Menos mal que llevábamos unos bocadillos y pudimos un picnic en el inmenso jardín.

Otro día fuimos a ver al Palacio de Moserrate. Nosotros también fuimos en coche pero se puede llegar en bus. Estaba mucho más tranquilo, lo cual agradecimos. Tampoco aconsejo llevar el carro ya que la bajada hasta el palacio es empedrada y nada confortable, mucho mejor portear. No es un camino muy largo, pero sí no te apetece andar hay un hop ón hop off que te lleva desde el parking hasta el palacio por un par de euros. Los jardines son también una maravilla y el palacio tiene un aire indú que no te dejará indiferente, un trozo de la India en Sintra. Precioso. Se pueden ver las cocinas, la biblioteca, las estancias y el salón principal. No está tan amueblado como el Palacio da Pena, pero merece la pena verlo. Tiene también una cafetería muy agradable justo al lado de la parada del hop ón hop off donde sí se puede consumir sin esperar dos horas de cola.

No nos dio tiempo de ver más palacios, pero prometo volver y completar el post!

Lo que sí fuimos a ver es el Cabo da Roca, el punto más occidental del continente. Desde donde se puede ver una sublime puesta se Sol y respirar aire puro. Las vistas son preciosas. Es un sitio con una energía muy particular al que merece la pena ir pese a las muchas curvas que hay en la carretera.

A la vuelta, camino del hotel paramos en un restaurante muy pequeñito en un lateral de la carretera, con un acceso a pie complicado porque no había acera, pero con mucho encanto. Y fue un acierto. Se llama O Lavrador. El plato típico es ternera hecha a la plancha, pero te la haces tú mismo. A los niños es de lo que más les gusto del viaje. Ponen en la mesa una plancha de mármol con una especie de infiernillo debajo y una bandeja con una carne extraordinaria y muchas patatas fritas. Cenamos muy bien y muy entretenidos. Lo recomiendo.

Me quede con muchas ganas de ver el Palacio de Queluz, la playa de Estoril y su castillo, un pueblito precioso que se llama Azhenas do mar y de comer en la famosa pizzería Tiffosi, que dicen quienes han ido que hace las mejores pizzas del mundo. Os contaré cuando vuelva. O cuéntame tú si ya has tetado y quieres compartir tu experiencia.

Si tienes alguna duda sobre cómo organizar tu viaje deja aquí tu comentario. Si te ha gustado comparte! Gracias

Familia_valencia

Dejar Valencia


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Dejar valencia fue una decisión difícil. Allí fuimos muy felices y nos sentimos en casa. Creamos un hogar. Hicimos muy buenos amigos. Valencia nos acogió con los brazos abiertos y nos enamoró desde el primer día.

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Pero los proyectos acaban y teníamos que cambiar de barco para poder seguir navegando. Aunque el siguiente navío, que debía llevarnos a Argentina, a Puerto Madrero, se fue a pique antes de zarpar.

Aún no había nacido Gloria y Manuel era un bebé de un año. Papi se fue el primero para preparar allí, en Argentina, nuestra llegada y yo debía quedarme en Valencia hasta acabar el curso y dejar nuestro piso de alquiler para entonces reunirnos todos al otro lado del charco. Sentíamos tanta ilusión por los nuevos planes como nostalgia por todo aquello que dejábamos atrás.

Se acercaba el mes de julio y como cada año, era el momento de decidir qué hacer para el próximo curso. La opción que se nos planteaba en Buenos Aires era, a priori, muy atractiva y decidimos lanzarnos a hacer las Américas.

Tenía poco más de un mes para vaciar mi casa. Desmontar nuestro hogar una vez más. No nos salía rentable mudar nada al otro lado del océano y no teníamos donde dejar nuestras cosas. La mejor opcion era vender aquí y volver a comprar allí. Anuncié por internet que vaciaba mi casa, que lo vendía todo.  ¡Monté un mercadillo de muebles y electrodomésticos en mi piso! Camas, lamparas, televisor, colchones, sofá, coches… lo vendí todo y me fui a casa de mis padres con mi niña y mi bebé y tres maletas de ropa para organizar nuestro traslado.

Pero las cosas nunca salen como uno lo espera, y finalmente Argentina no fue nuestro siguiente destino.

Cuando nos quisimos dar cuenta, nos vimos sin casa, sin coche, ni muebles, ni tele, ni Thermomix… Poco más que una maleta con ropa, una niña pequeña, un bebé y un verano duro que afrontar con la familia dividida entre dos continentes.

Papá volvió a Sevilla a final de Agosto. No teníamos colegio previsto, ni casa, ni cosas. Nada. Pasamos una racha complicada. Fue un golpe duro. Vivimos varios meses en un apartahotel con nuestras tres maletas y buscamos un colegio ya empezado el curso para Carmen. Estábamos absolutamente desubicados.

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Y una vez más me di cuenta de que hay que vivir el presente. Que de todo se aprende. Aprendimos a vivir con poco, sin planes y con un futuro incierto. Confiando en que hallariamos una salida a tiempo. Y tratando de no perdermos demasiado.

Cuando apuestas y pierdes se pasa mal. Tocamos fondo una vez más para volver a salir a flote cargados de fuerzas renovadas y  nuevos proyectos. Y un nuevo embarazo. Un nuevo bebé que volvería a ampliar la familia y a llenarla de alegría e ilusión.

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Después de la tormenta siempre llega la calma. La familia debe permanecer unida aunque a veces se pasen malas rachas y no veamos la salida. El tiempo pasa implacable y se lo lleva todo, lo bueno y lo malo. Disfrutemos, porque cada día que se va ya no vuelve.

Han pasado dos años desde que nos fuimos, hemos vivido un poquito en África y también en Dublín acompañando a papi en sus proyectos. Ahora estamos asentados en Sevilla, disfrutando de la estabilidad de un destino tranquilo y conocido. Pero echando inevitablemente de menos la aventura y sobre todo nuestra Valencia y a nuestros valencianos. Cada día quiero volver. Para vosotros este post. ¡Os queremos!