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La magia de la Navidad

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Para mí, lo más bonito de la navidad es la ilusión de los niños. Esa magia que ven sus ojos gracias a la inocencia. Eso es la magia de la navidad. Solo eso.

Hoy puedo volver a vivir esas emociones gracias a mi maternidad. Ahora yo soy la madre y no la niña inocente, pero hay momentos que se repiten casi igual a como los recuerdo desde el otro lado. El de la niña. Me encanta. Me parece mágico. Y me siento niña otra vez, aunque mucho más consciente del valor que tiene poder sentirse así.

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El ejemplo más claro es la ilusión. Ese nerviosismo lleno de ilusión la noche de Reyes. Recuerdo cuando me acostaba y no era capaz de dormirme porque no sabía controlar todas aquellas emociones que tenía dentro. Creer en la magia es algo importantísimo en la vida de un niño. Los mayores debemos procurar que crean en ella y que alimenten la ilusión lo maximo posible porque luego, en su vida adulta, necesitarán esa mochila llena para afrontar otras cosas.

Vivir la ilusión a través de sus ojos de niños me permite viajar en el tiempo con mis ojos de madre.

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Soy capaz de recordar y revivir el placer que se siente cuando tu mamá te cogía en brazos y te acunaba. Ya cuando era una niña “grande” de 5 o 6 años y algo me preocupaba o tenía un mal día, un abrazo de mamá era capaz de curarlo todo. Mi mamá. No necesitaba nada más. Y ahora con mis hijos puedo volver a vivirlo, desde el otro lado, y sentir esa confianza ciega que tienen en que yo puedo arreglar todos los males del universo. Es un superpoder que ellos nos otorgan y solo su amor alimenta.

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Puedo recordar  el miedo terrible que me producía la oscuridad, vértigo. Terror. Y como mi mamá me enseñó a convivir con el miedo y a plantarle cara. A normalizar aquella sensacion desagradable que también forma parte de nuestra vida. Miedo a la muerte, al dolor, a lo desconocido. Fue una etapa dura, y mamá estaba ahí para ayudarme. Como siempre. Siempre está, aunque tenga mas de 30 años y ya no quepa en su cama. Fui una fortunada, lo soy.

La culpa, los remordimientos, el amor, el desamor, la impaciencia, los celos, la envidia, el odio, el desconsuelo, la euforia, la decepción. Emociones que recuerdo, que aprendí a conocer y a ubicar de niña y que ahora veo en mis hijos y reconozco en mí como si fueran mías. Maravilloso. Mágico.

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El trabajo emocional está muy olvidado en los colegios y en la rutina diaria en general. Yo tengo la suerte de haber trabajado mucho la inteligencia emocional en mi carrera como actriz. Y ahora que estoy centrada en mi papel de mamá, pongo en práctica lo aprendido y trabajo con mis hijos para que sean capaces de reconocer y vivir intensamente sus emociones. En mi opinión y experiencia es básico para que se conviertan en personas adultas sanas y felices.

Saber gestionar nuestro mundo interior y a la vez saber estar en contacto con el mundo exterior.

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Os recomiendo varios libros a traves de los cuales podemos trabajar nuestro mundo emocional y el de nuestros hijos: El monstruo de colores, El pequeño libro de mindfulness, El monstruo de la ira, Emocionario, Te quiero casi siempre o A qué saben los besos.

Os invito a trabajar con ellos y vuestros hijos y a contarme vuestras experiencias.

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CONFESIONES: De niño y de niña

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Tengo una necesidad vital de escribir este post. A modo de grito, de desahogo, de revolución. ¡Por favor, démonos cuenta!

La semana pasada fui a comer a una hamburguesería con mis hijos y pedí dos menús infantiles de esos que traen juguete. Me dieron un juguete de “niña” para Carmen y otro de “niño” para Manuel, sin preguntar. El chico dió por hecho que sólo por ser un niño y una niña iban a querer esos juguetes. No les preguntó qué os gusta o cuál queréis. Les dije: hay una tortuga y una diadema, elegid. Los dos querían tortuga. El muchacho me vió  la cara de “esta madre va a darme la charla” y me cambió los juguetes por dos tortugas. No pasó nada más.

Ha sido una anécdota, sin más trascendencia. Pero me ha hecho ver que ésto es algo que ocurre frecuentemente y a menudo no nos damos cuenta. Me ha hecho pensar y recapitular.

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Por ejemplo, a mis hijas les he hecho agujeros en las orejas para ponerles pendientes cuando han nacido. Y pensándolo desde esta perspectiva creo que no debería haberlo hecho. Es cultural, sí. Pero es una marca para toda la vida. Que seguro que les gusta de mayor. Muy posiblemente. Y a mí me encanta que los lleven, sí.  Pero cuando Manuel me pregunta por qué a él no le pongo pendientes, ¿qué le digo sin caer en una explicación machista?

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Me preocupo y ocupo de no ejercer influencia sobre mis hijos en ésto. A Manuel le encanta cocinar, ayudarme con las labores del hogar y jugar con las muñecas, por ejemplo. El hecho de que lo veamos como algo especial ya implica un posicionamiento respecto a ello. Y es cierto, yo trabajo por no caer ahí porque es algo que ocurre aunque no me guste. El simple hecho de estar a favor o en contra, ya supone reconocer que el debate existe.

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Yo misma prefiero hacer cosas de “hombres”. En mi casa las herramientas son mías y soy yo quien arregla las cosas y hace los taladros en la pared. No me gusta nada coser ni cocinar. Suerte que mi madre nunca le dio más importancia y siempre nos enseñó a ver las tareas y juegos como algo genérico, y no destinado a ningún género. A mi padre le costó más trabajo, soy consciente de que he sufrido algún episodio machista en mi vida. Aún nos queda un largo camino por delante.

Este año, que ya Manuel tiene tres años y puede ir a actividades extraescolares, les he dado a elegir una actividad a los dos con una sola condición: ambos han de elegir la misma porque yo no puedo estar llevando y trayendo niños de un sitio a otro toda la tadre. El año pasado Carmen eligió Padel. Este año ella y Manuel han elegido ballet. Sí. Los dos. Y a mí me parece una actividad perfecta. Muy completa y enriquecedora. Me encanta que hayan elegido ballet. Y si el año que vienen eligen fútbol pues me gustará igual.

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Creo que deberíamos dar un paso más y  eliminar los prejuicios. Si queremos un mundo más justo y respetuoso tenemos que empezar por educar a nuestros hijos en la igualdad y el respeto. Os enlazo un artículo muy interesante sobre cómo educar en este sentido. 


Porque no hay actividades de niño y actividades de niña, ni juguetes de niño y de niña. Hay juguetes, actividades, niños y niñas. Y cada cual que elija lo que más le guste. Nada tiene que ver con la orientación sexual de cada uno. Y en el caso de que lo tuviera, tampoco debería ser importante ni determinante. De igual manera, no tendríamos que discriminar ni señalar a nadie por el color de su piel, su religión, las fronteras o los ideales. Y menos aún tratándose de niños. Ni entre ellos ni desde los adultos hacia ellos, por supuesto.  

Soy consciente de que es un debate largo. Os animo a opinar y a contarme vuestras anécdotas para enriquecer mi visión. Gracias

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Dejar Valencia


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Dejar valencia fue una decisión difícil. Allí fuimos muy felices y nos sentimos en casa. Creamos un hogar. Hicimos muy buenos amigos. Valencia nos acogió con los brazos abiertos y nos enamoró desde el primer día.

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Pero los proyectos acaban y teníamos que cambiar de barco para poder seguir navegando. Aunque el siguiente navío, que debía llevarnos a Argentina, a Puerto Madrero, se fue a pique antes de zarpar.

Aún no había nacido Gloria y Manuel era un bebé de un año. Papi se fue el primero para preparar allí, en Argentina, nuestra llegada y yo debía quedarme en Valencia hasta acabar el curso y dejar nuestro piso de alquiler para entonces reunirnos todos al otro lado del charco. Sentíamos tanta ilusión por los nuevos planes como nostalgia por todo aquello que dejábamos atrás.

Se acercaba el mes de julio y como cada año, era el momento de decidir qué hacer para el próximo curso. La opción que se nos planteaba en Buenos Aires era, a priori, muy atractiva y decidimos lanzarnos a hacer las Américas.

Tenía poco más de un mes para vaciar mi casa. Desmontar nuestro hogar una vez más. No nos salía rentable mudar nada al otro lado del océano y no teníamos donde dejar nuestras cosas. La mejor opcion era vender aquí y volver a comprar allí. Anuncié por internet que vaciaba mi casa, que lo vendía todo.  ¡Monté un mercadillo de muebles y electrodomésticos en mi piso! Camas, lamparas, televisor, colchones, sofá, coches… lo vendí todo y me fui a casa de mis padres con mi niña y mi bebé y tres maletas de ropa para organizar nuestro traslado.

Pero las cosas nunca salen como uno lo espera, y finalmente Argentina no fue nuestro siguiente destino.

Cuando nos quisimos dar cuenta, nos vimos sin casa, sin coche, ni muebles, ni tele, ni Thermomix… Poco más que una maleta con ropa, una niña pequeña, un bebé y un verano duro que afrontar con la familia dividida entre dos continentes.

Papá volvió a Sevilla a final de Agosto. No teníamos colegio previsto, ni casa, ni cosas. Nada. Pasamos una racha complicada. Fue un golpe duro. Vivimos varios meses en un apartahotel con nuestras tres maletas y buscamos un colegio ya empezado el curso para Carmen. Estábamos absolutamente desubicados.

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Y una vez más me di cuenta de que hay que vivir el presente. Que de todo se aprende. Aprendimos a vivir con poco, sin planes y con un futuro incierto. Confiando en que hallariamos una salida a tiempo. Y tratando de no perdermos demasiado.

Cuando apuestas y pierdes se pasa mal. Tocamos fondo una vez más para volver a salir a flote cargados de fuerzas renovadas y  nuevos proyectos. Y un nuevo embarazo. Un nuevo bebé que volvería a ampliar la familia y a llenarla de alegría e ilusión.

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Después de la tormenta siempre llega la calma. La familia debe permanecer unida aunque a veces se pasen malas rachas y no veamos la salida. El tiempo pasa implacable y se lo lleva todo, lo bueno y lo malo. Disfrutemos, porque cada día que se va ya no vuelve.

Han pasado dos años desde que nos fuimos, hemos vivido un poquito en África y también en Dublín acompañando a papi en sus proyectos. Ahora estamos asentados en Sevilla, disfrutando de la estabilidad de un destino tranquilo y conocido. Pero echando inevitablemente de menos la aventura y sobre todo nuestra Valencia y a nuestros valencianos. Cada día quiero volver. Para vosotros este post. ¡Os queremos!