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Botiquín para viajar con niños en avión

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Os cuento lo que llevo en mi botiquín básico en los viajes con mis hijos. En concreto esto fue lo que lleve en nuestro viaje a Cambridge el pasado verano. Como viajaba sola con los tres y con Ryanair, lo llevaba como equipaje de mano, ya que no embarcamos la maleta. Por si también os interesa, enlazo mi post sobre cómo volar con niños en avión low cost.

Lo primero que debéis saber es que, viajando con niños, en general, puedes llevar líquidos y comida sin demasiado problema, aunque como ya os cuento en el post de volar con niños, debéis ir con tiempo de sobra al aeropuerto porque pasan más controles que un equipaje normal. Pero al viajar con tus hijos te está permitido llevar su comida, bebida y medicinas. Si van en una maleta embarcada en el maletero del avión no debéis tener ningún problema, en principio. Pero si lo lleváis como equipaje de mano, entonces sí deberéis tener en cuenta mis consejos.

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Tened una cosa presente: Según la normativa de cada aeropuerto y/o pais, os pueden pedir las recetas de los medicamentos que lleváis para permitiros pasarlos por la aduana o el control de equipajes. De hecho, en nuetro viaje a Cambridge, yo no llevaba las recetas y tuve que dejar varias cosas allí. Me permitieron entrar con ello pero no salir. ¡Cosas de aeropuertos! Yo os recomiendo que pidáis una receta de todos los medicamentos que vayáis a llevar en vuestro botiquín para evitar contratiempos y retrasos en el control.

Por otro lado. ¿Cómo decidir qué medicamentos llevar? Yo llevo casi siempre lo mismo, y si viajo a un sitio con menos recursos añado un botiquín de primeros auxilios con tijeras, vendas, esparadrapo, yodo y alcohol y repelente de mosquitos. Y además algun antibiótico genérico ya que a veces no es facil encontrar medicinas en según que sitios. ¡O un médico!

En mi experiencia, aunque vayas a viajar a un destino “civilizado” es mejor llevamos el botiquín preparado desde casa. Que haya de todo no quiere decir que puedas comprarlo. En Alemania, por ejemplo, no te venden ni un paracetamol sin receta. Y cuando vas pocos días de turismo y no conoces el sitio o el idioma puede resultar complicado conseguirlo.

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Por supuesto, si se nos pone un niño malo y no sabemos lo que tiene, o no le baja la fiebre o la cosa es grave, debemos acudir al médico cuanto antes. Los seguros privados cubren tres meses en el extranjero por turismo, y la sanidad publica española también tiene un servicio de asistencia fuera del país, que si no me equivoco tienes que solicitar que te activen antes de salir de viaje.

Como en este caso iba a un destino europero, a casa de una amiga y en Ryanair, viajé con lo básico que yo suelo usar en casa, que ya las mamás sabemos en general tratar un catarro, una urticaria o una fiebre por virus.  Además nuestro pediatra tiene una plataforma de consulta on-line, por lo que viajo muy tranquila de que llegado el caso vamos a poder contar con su diagnóstico y asesoramiento. Os lo he enlazado por si necesitáis usarlo alguna vez.

Teniendo todo esto en cuenta, os enumero lo que llevamos en nuestro botiquín de viajes básico: Antitérmicos, aerosoles porque mis niños son propensos a que se les coja el pecho, mucolítico, cremas antibióticas, antifúngicas y de corticoides por si les pica algo, antihistamínico, un antitusivo, gotas antibióticas para los ojos, y gotas de corticoides orales, un probiótico, suero nasal, spray para las llagas, spray de vitamina E y poco más.

¡Lo mejor es que casi nunca lo necesitamos usar, pero mamá tiene que estar preparada para todo!

¿Qué llevas tú en tu botiquín? ¿Tienes alguna anécdota para compartir? Te animo a dejar tu comentario a continuación.

 

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La magia de la Navidad

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Para mí, lo más bonito de la navidad es la ilusión de los niños. Esa magia que ven sus ojos gracias a la inocencia. Eso es la magia de la navidad. Solo eso.

Hoy puedo volver a vivir esas emociones gracias a mi maternidad. Ahora yo soy la madre y no la niña inocente, pero hay momentos que se repiten casi igual a como los recuerdo desde el otro lado. El de la niña. Me encanta. Me parece mágico. Y me siento niña otra vez, aunque mucho más consciente del valor que tiene poder sentirse así.

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El ejemplo más claro es la ilusión. Ese nerviosismo lleno de ilusión la noche de Reyes. Recuerdo cuando me acostaba y no era capaz de dormirme porque no sabía controlar todas aquellas emociones que tenía dentro. Creer en la magia es algo importantísimo en la vida de un niño. Los mayores debemos procurar que crean en ella y que alimenten la ilusión lo maximo posible porque luego, en su vida adulta, necesitarán esa mochila llena para afrontar otras cosas.

Vivir la ilusión a través de sus ojos de niños me permite viajar en el tiempo con mis ojos de madre.

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Soy capaz de recordar y revivir el placer que se siente cuando tu mamá te cogía en brazos y te acunaba. Ya cuando era una niña “grande” de 5 o 6 años y algo me preocupaba o tenía un mal día, un abrazo de mamá era capaz de curarlo todo. Mi mamá. No necesitaba nada más. Y ahora con mis hijos puedo volver a vivirlo, desde el otro lado, y sentir esa confianza ciega que tienen en que yo puedo arreglar todos los males del universo. Es un superpoder que ellos nos otorgan y solo su amor alimenta.

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Puedo recordar  el miedo terrible que me producía la oscuridad, vértigo. Terror. Y como mi mamá me enseñó a convivir con el miedo y a plantarle cara. A normalizar aquella sensacion desagradable que también forma parte de nuestra vida. Miedo a la muerte, al dolor, a lo desconocido. Fue una etapa dura, y mamá estaba ahí para ayudarme. Como siempre. Siempre está, aunque tenga mas de 30 años y ya no quepa en su cama. Fui una fortunada, lo soy.

La culpa, los remordimientos, el amor, el desamor, la impaciencia, los celos, la envidia, el odio, el desconsuelo, la euforia, la decepción. Emociones que recuerdo, que aprendí a conocer y a ubicar de niña y que ahora veo en mis hijos y reconozco en mí como si fueran mías. Maravilloso. Mágico.

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El trabajo emocional está muy olvidado en los colegios y en la rutina diaria en general. Yo tengo la suerte de haber trabajado mucho la inteligencia emocional en mi carrera como actriz. Y ahora que estoy centrada en mi papel de mamá, pongo en práctica lo aprendido y trabajo con mis hijos para que sean capaces de reconocer y vivir intensamente sus emociones. En mi opinión y experiencia es básico para que se conviertan en personas adultas sanas y felices.

Saber gestionar nuestro mundo interior y a la vez saber estar en contacto con el mundo exterior.

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Os recomiendo varios libros a traves de los cuales podemos trabajar nuestro mundo emocional y el de nuestros hijos: El monstruo de colores, El pequeño libro de mindfulness, El monstruo de la ira, Emocionario, Te quiero casi siempre o A qué saben los besos.

Os invito a trabajar con ellos y vuestros hijos y a contarme vuestras experiencias.

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Un año de Gloria

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Hoy cumple Gloria un año. Un año de amor, de ternura y travesuras, de sonrisas y alegría, de aprender juntas. Una vuelta completa alrededor del sol. El primer año pasa demasiado rápido. Los bebés crecen muy deprisa. Me he bebido su año con ganas, con ansia. 

Cuesta trabajo pensar que un día como hoy hace justo un año estaba naciendo. La conocíamos por primera vez. Bebé, indefensa, pequeñita, preciosa. Y ya sabe andar. Ya va a la guarde. Ya come sola. Ya no puedo imaginarme mi vida sin ella y me cuesta recordar cómo era nuestra vida antes de ella. Cuando tu bebé nace, no solo empieza su vida. Empieza también la tuya. La vida de la mamá. La mía ha empezado tres veces.

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Hoy me invade una sensación de vértigo y de orgullo a partes iguales. Quedarme sin bebé me da miedo, miedo a lo desconocido. No sé cómo es ser madre de niños grandes. Pero a la vez me siento orgullosa de verlos crecer y hacerse independientes y capaces. De verlos felices. Estoy melancólica. Emocionada. Triste. Alegre. Hoy estoy más mamá que nunca.

Se me agolpan los recuerdos y las emociones, como deseando salir de su lugar. Puedo cerrar los ojos y volver a sentir aquel día. Los recuerdos están vivos dentro de mí y no quiero que se borren nunca. Recuerdo ese olor a vida que tenía cuando la cogí por primera vez. El tacto húmedo, suave y caliente. El calor. Recuerdo las luces, los olores, los dolores… Su primera bocanada de aire. La vi respirar por primera vez y volverse “color de rosa”. Lo siento todo tan vivo hoy. Y esa paz inmensa y plena cuando la abracé por fin después de nueve meses esperándola. Ya no la he vuelto a soltar.

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La primera mirada, nos miramos a los ojos mucho rato. Sentía como si se hubiera parado el tiempo. La miraba y pensaba: ha salido de mí. Ella estaba ahí dentro. Es increíble. Es mi bebé. Es ella. Está aquí, conmigo. Borracha de amor, como una leona protegiendo a su cría. En ese momento el mundo giraba a nuestro alrededor.

Hoy hace un año de aquello, pero si cierro los ojos puedo volver allí y revivir cada instante. Magia. Madre. Mamá. Eso es amor. Quien lo probó, lo sabe.bebe_niña

Gracias Gloria. Eres mi tesoro pequeño.

 

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CONFESIONES: De niño y de niña

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Tengo una necesidad vital de escribir este post. A modo de grito, de desahogo, de revolución. ¡Por favor, démonos cuenta!

La semana pasada fui a comer a una hamburguesería con mis hijos y pedí dos menús infantiles de esos que traen juguete. Me dieron un juguete de “niña” para Carmen y otro de “niño” para Manuel, sin preguntar. El chico dió por hecho que sólo por ser un niño y una niña iban a querer esos juguetes. No les preguntó qué os gusta o cuál queréis. Les dije: hay una tortuga y una diadema, elegid. Los dos querían tortuga. El muchacho me vió  la cara de “esta madre va a darme la charla” y me cambió los juguetes por dos tortugas. No pasó nada más.

Ha sido una anécdota, sin más trascendencia. Pero me ha hecho ver que ésto es algo que ocurre frecuentemente y a menudo no nos damos cuenta. Me ha hecho pensar y recapitular.

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Por ejemplo, a mis hijas les he hecho agujeros en las orejas para ponerles pendientes cuando han nacido. Y pensándolo desde esta perspectiva creo que no debería haberlo hecho. Es cultural, sí. Pero es una marca para toda la vida. Que seguro que les gusta de mayor. Muy posiblemente. Y a mí me encanta que los lleven, sí.  Pero cuando Manuel me pregunta por qué a él no le pongo pendientes, ¿qué le digo sin caer en una explicación machista?

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Me preocupo y ocupo de no ejercer influencia sobre mis hijos en ésto. A Manuel le encanta cocinar, ayudarme con las labores del hogar y jugar con las muñecas, por ejemplo. El hecho de que lo veamos como algo especial ya implica un posicionamiento respecto a ello. Y es cierto, yo trabajo por no caer ahí porque es algo que ocurre aunque no me guste. El simple hecho de estar a favor o en contra, ya supone reconocer que el debate existe.

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Yo misma prefiero hacer cosas de “hombres”. En mi casa las herramientas son mías y soy yo quien arregla las cosas y hace los taladros en la pared. No me gusta nada coser ni cocinar. Suerte que mi madre nunca le dio más importancia y siempre nos enseñó a ver las tareas y juegos como algo genérico, y no destinado a ningún género. A mi padre le costó más trabajo, soy consciente de que he sufrido algún episodio machista en mi vida. Aún nos queda un largo camino por delante.

Este año, que ya Manuel tiene tres años y puede ir a actividades extraescolares, les he dado a elegir una actividad a los dos con una sola condición: ambos han de elegir la misma porque yo no puedo estar llevando y trayendo niños de un sitio a otro toda la tadre. El año pasado Carmen eligió Padel. Este año ella y Manuel han elegido ballet. Sí. Los dos. Y a mí me parece una actividad perfecta. Muy completa y enriquecedora. Me encanta que hayan elegido ballet. Y si el año que vienen eligen fútbol pues me gustará igual.

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Creo que deberíamos dar un paso más y  eliminar los prejuicios. Si queremos un mundo más justo y respetuoso tenemos que empezar por educar a nuestros hijos en la igualdad y el respeto. Os enlazo un artículo muy interesante sobre cómo educar en este sentido. 


Porque no hay actividades de niño y actividades de niña, ni juguetes de niño y de niña. Hay juguetes, actividades, niños y niñas. Y cada cual que elija lo que más le guste. Nada tiene que ver con la orientación sexual de cada uno. Y en el caso de que lo tuviera, tampoco debería ser importante ni determinante. De igual manera, no tendríamos que discriminar ni señalar a nadie por el color de su piel, su religión, las fronteras o los ideales. Y menos aún tratándose de niños. Ni entre ellos ni desde los adultos hacia ellos, por supuesto.  

Soy consciente de que es un debate largo. Os animo a opinar y a contarme vuestras anécdotas para enriquecer mi visión. Gracias

Vuelta al cole

CONFESIONES: La vuelta al cole

¡Llegó el día, por fin! ¡Bendito colegio! ¡Qué contenta estoy!

¡Ay mi niño, que es muy chico! Pobrecito, qué madrugón. Tantas horas allí solito, sin su mamá. ¡Ya tendrá tiempo de aprender! Si es aun mi bebé.

¡Qué ganas tenía de tener tiempo para mi! Si donde mejor están es en su cole, con sus amigos. Qué bien se lo pasan.

Bien podría parecer una conversación entre dos mamás con puntos de vistas muy distintos en referencia a la vuelta al cole. Pero no. Son todas las cosas que se me han pasado a mí por mi cabeza esta semana previa al esperado momento.

Y es que este verano ha sido muy largo. Casi muero en el intento. Sin vacaciones en la playa ni en ningún lado. En casa. Sola con mis tres niños casi todo el tiempo y con el propósito de lanzar este blog.

Fiel a mi espíritu y a mis ideas, he intentado ser una mamá optimista, organizada, precavida e ingeniosa. Disfrutar del tiempo y aprovecharlo al máximo. Tareas, trabajo, juego, piscina, planes, descanso. Todo tiene su momento. Pero el calor de Sevilla no ayuda y tres meses sin cole es mucho tiempo. Y ha llegado un momento en el que las fuerzas han empezado a flaquear, la inspiración se me ha secado y ya no sabía que hacer con mis niños.

El espejismo del colegio se dibujaba de lo más atractivo. Las dos últimas semanas de agosto han sido de pura supervivencia. Malamadre total. He sacado el armamento tecnológico y quitado las restricciones. Hemos abusado de comida PRE-cocinada y por encargo. Roto los horarios, las rutinas y el orden. Desastre total. O vacaciones a la desesperada. Llamémoslo como queramos. Sobrevivir hasta que empiece el cole y todo vuelva a su lugar es un buen resumen de mi final de verano.

Recuerdo que cuando era mamá primeriza y solo tenía una niña, no entendía porque las otras mamás estaban deseando que empezase el cole. ¡Ilusa de mí! Todo te cae encima. Ahora las entiendo. ¡Y tanto! ¡Bendito colegio!

Cierto es que cuando este acabando el curso me veré igual de desesperada pero en el otro lado de este discurso, deseando que empiecen las vacaciones para poder descansar. ¡Pero, si en vacaciones tampoco descanso!

Llego pues, a la conclusión habitual en todos mis debates sobre maternidad: Ser mamá es el trabajo más duro y mas apasionante que hay.  No descansaremos nunca así que disfrutemos mientras dure y sintámonos afortunadas por ello.

Podéis dejarme un comentario contandome qué tal vuestro verano y vuestra vuelta al cole! Gracias!

Mis noches de bocadillo de mortadela

Confesiones: Me siento mortadela

Mis noches de bocadillo de mortadela

Mis noches de bocadillo de mortadela.

 

¿Dónde esta el emoticono de sentirse como una loncha de mortadela? Seguro que no soy la única mamá que cada noche se siente mortadela en un bocadillo. Loncha estratégica en un sandwich, entre pan y pan. Sin ella no sería un sandwich, pero a ojo solo vemos el pan.

Pues yo cada noche me convierto en mortadela metida entre mis panecillos. De un lado una bebé enganchada en la teta y del otro un niño abrazado a mi espalda. Ocupando solo media cama porque en la otra media está papá y toda la orquesta sinfónica versionando a trompeta una melodía celestial.

He de confesar que me encanta. Mi plan de sandwich y música celestial es uno de mis favoritos los viernes después de una semana frenética. Yo disfruto de mi cama llena de amores. Me gusta el colecho en todo su esplendor.

Y es que aquí, en mi más íntima faceta de mortadela me siento mía y de ellos al mismo tiempo. ¡Y a mí me gusta! Duermo como una bendita y ellos también. Mamá y niños contentos.

El colecho es un tema muy controvertido. Tiene tantos defensores como detractores. Todo el mundo se cree con derecho a opinar. Y no. Es una elección de la mamá, de la pareja, de la familia y de nadie más.

Con Carmen, no coleché, no di el pecho, no portee. Muchos “no” por oír consejos y opiniones. No seguí mis instintos, no confié en mí y como ya os conté, sufrí una depresión postparto grande (os lo enlazo). Aprendí entonces a oírme a mí solamente, a la mamá que soy y que quiero ser.

Y cada día que me acuesto y me siento mortadela me regocijo en el placer que me supone dormir apretada entre mis amores. ¡Qué sabe nadie!